Ésta es otra de las atracciones que no acostumbran a salir en las guías. Un museo al aire libre de casas tradicionales japonesas. Todas originales, trasladadas desde su emplazamiento real al museo, a excepción de una sola en todo el complejo. Situado en la ciudad de Kawasaki, apenas a 15 minutos en tren de Shimokitazawa (Odakyuu Line, Mukougaoka Yuuen Station).

La entrada es escandalosamente barata: 500 yenes (3 euros). Al comprar tu entrada te dan un impreso donde se deben poner sellos de diferentes casas que encontrarás por la ruta marcada. Al final del recorrido, si enseñas susodicho impreso con todos los sellos completados te regalan un recuerdo para que te lo puedas llevar a casa. Más barato imposible.
En este museo se pueden visitar un total de 23 casas pertenecientes a 22 prefecturas Japonesas, del sur, centro y norte de Japón. El estilo de decoración varía dependiendo de las riquezas y el estatus que poseían sus dueños, de la prefectura donde se encontraban viviendo y del clima que tenían que soportar durante el año. No solo se pueden sacar fotos a las casas, sinó que en gran parte de ellas te puedes pasear por su interior. Aunque hay algunas más bonitas que las otras, todas tienen un encanto especial. Las explicaciones están en japonés e inglés, así que aunque vayais solos, no tendreis ningún problema.

Además del museo de casitas, en el mismo lugar también encontraréis el museo de Taro Okamoto. Gran desconocido para los occidentales, gran conocido para los japoneses. Es como una especie de Miró raro. Fue el señor que diseñó los monigotes de la exposición universal de los años 70 en Osaka, y el muralista de una especie de Gernika lleno de colorines (mural que no tiene un significado muy agradable, puesto que nos habla de las bombas de Hiroshima y Nagasaki). Okamoto no solo tiene un museo justo en el interior del Minkaen, sino que también tiene otro en Omotesando, justo en el centro de Tokyo (mucho más dificil de encontrar que este).
Además, podréis disfrutar de un jardín gigantesco. Sí, un jardín de árboles de todo tipo (tradicionales japoneses, occidentales, etc). Mientras paseais por las afueras del recinto, podréis ver un montón de árboles distintos, con sus cartelitos colgados para que sepáis qué especie de arbolito estáis mirando.
En resumidas cuentas. Una maravilla de museo, baratísimo, que nos ofrece un día delicioso. Y es precisamente un día delicioso lo que se pegó mi jefe en este oasis de casitas, árboles y arte.
Pepi Valderrama López
Corresponsal en Tokyo